lunes, 6 de enero de 2014

Abilio el de Peña Rubia



Los pueblos suelen olvidar, y así nos va, aunque en ocasiones se contrarían con un homenaje merecido. Tópico aparte, cuando tal cosa ocurre y además no es póstumo, no se sabe si celebrar el acierto o la equivocación, porque lo primero que viene a la cabeza es que debe tratarse de un error.

Hasta hace medio siglo, las cumbres eran para la mayoría espacios donde solo paraba la niebla. Al Cornón de Peña Rubia, una cima de cuarcita y arena fina, apenas llegaban unos pocos para admirarse ante la fusión de cielo azul y tierra púrpura brezo, amarillo retama y verde primoroso de primavera hecho rubio en los albores del verano. En 1979, trece intrépidos lacianiegos ‘plantaron’ en esa cima un buzón con un libro de firmas convertido en custodio de la memoria de los miles que hemos llegado hasta allí, de los miles que seguirán llegando.

El esquí, también minoritario, era privilegio de unos pocos que podían comprarse unas de aquellas tablas de madera con bastones de caña. Los demás, los hacían como podían aprovechando restos de cubas de vino y le echaban arrojo para dejarse caer en algún prado cerca de casa. Algunos, más atrevidos, subían a Leitariegos.

Entre ellos, destaca el nombre de Abilio Cadenas de Lama, homenajeado este fin de semana en Villablino. Cuando parecía que todo el deporte empezaba y terminaba en la OJE, Abilio se inventó la Sociedad Deportiva Peña Rubia, fundada en 1968 con el profesor Leandro Abella y otros amigos. Tras casi medio siglo de existencia, justo es reconocer cómo convirtieron el deporte, y en particular el esquí, en una fuente de disfrute y riqueza, pese a que en principio aquella idea juvenil fue vista como una locura.

A base de esfuerzo, ingenio y cooperación, ingredientes necesarios cuando lo único con que se cuenta es ilusión y capital humano, los socios de Peña Rubia echaron a andar el primer remonte que hubo en Leitariegos, hecho con un cable y un motor Barreiros, y al cabo de pocos años eran realidad el primer telesquí y el albergue. Esa sería la semilla de lo que hoy es la segunda estación invernal de la provincia.

Laciana, tan deprimida en estos días, mira a Leitariegos como un oasis en el desierto. Debe ser que, de todos los espejismos y entelequias de ocasión, la estación y lo que supone es, por el momento y aunque mejorable, la única realidad. Y la lección de este homenaje a Abilio Cadenas debería ser la obra útil que un grupo de personas, unidas bajo un sueño compartido, consiguieron hacer realidad. Podría intentarse con otras muchas cosas.

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