lunes, 20 de enero de 2014

Las Médulas del siglo XXI



Las profundidades son territorio de topos y lombrices y de novela de Julio Verne. Si se adentra uno en ellas para calar túneles, los acuíferos pierden su pureza al contacto con los proyectos, las adjudicaciones y sus modificados, y se convierten en lodo. La alta velocidad, enfangada en sobrecostes y retrasos, se quedará tuerta de un túnel. Es tal la corriente (de agua, o de lodo) que uno será solo para evacuar.

Lo de Gamonal también tiene mucho de subterráneo, aunque la roca madre se disfrace de parking y bulevar. Será por eso que se pretende enterrar en titulares de segunda fila, salvo en algunos boletines oficiales disfrazados de periódico en los que parte interesada informa desinformando. O será que una protesta vecinal etiquetada como “grupos violentos itinerantes” no se disuelve ni con ese camión cisterna (agua, agua...) que piensa agenciarse el Ministerio del Interior. La noticia no debe ser la especulación de ladrilleros que controlan medios de comunicación, mimados por el poder mientras trasvasan (otra vez el agua...) y reparten. Porque eso de noticia tiene más bien poco, incluidos León y Ponferrada, donde es cosa más que sabida.

Y como parece que fue ayer, los titulares vuelven a la cantera de Catisa en Carucedo. Todos los que durante años manosearon como coartada los puestos de trabajo y garantizaron la legalidad del invento, se hacen ahora los “ya tal”, que contesta Rajoy cuando contesta algo sin contestar. Y el alcalde, que hasta hace nada permitió como el resto la continuidad pese a saber que “no tal”, a estas alturas hace de tripas corazón para firmar por imperativo judicial la paralización, ya que la cantera “carece de licencia ambiental, urbanística y otras autorizaciones”. La secuencia recuerda demasiado al cielo abierto de El Feixolín de Villablino, por ejemplo.

“¿Qué es aquello?”, preguntó la reina Sofía con su acentillo desde el mirador de Orellán. Y el rey, que siempre fue más de caza mayor y menor, estaba abstraído imaginándose las piezas que brindarían aquellos montes. “Una cantera, majestad”, contestó Luis del Olmo. Y nadie dijo nada más. Uno de los prebostes que andaban por allí, se mordió la lengua –menos mal– antes de soltar “¡Las Médulas del siglo XXI, majestad!”. Solo cuando todo ha pasado, se habla de empresarios que lo mismo ejecutan una obra pública millonaria, que gestionan un parking, que insonorizan la visita del Papa a Valencia, que trasvasan (otra vez el agua, o el lodo)... como los romanos y su ruina montium... buscando el oro.

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