lunes, 24 de febrero de 2014

Una de mentiras con carbón



¿Por qué se repite machaconamente que “en este pueblo todo el mundo está en el paro”, “estamos ante una gran crisis social”, “nos encontramos al límite”, “la gente ya no tiene nada que perder”? Ahora, después del programa de Ana Rosa, a alguna ya solo le falta darse un garbeo por Sálvame: culebrón, naderías, risitas y si hace falta lloriqueo. Todo garantizado.

¿Por qué los que auguraban un espléndido futuro para el carbón y las explotaciones a cielo abierto, mientras se cerraba toda la minería de interior, no fueron nombrados para algún observatorio económico internacional? ¿Por qué no se dice que todo indica que no pocas de las centrales térmicas que nos rodean se cerrarán antes de 2023?

¿Por qué, siendo ya previsible la sentencia europea, la Junta de Castilla y León se enroló en una huida hacia adelante con ese “Plan Regional de Ámbito Sectorial de Explotaciones a Cielo Abierto en Laciana y Babia 2009-2020” que nunca se habría aprobado? ¿Por qué se justifica su fiasco con la liquidación de Coto Minero Cantábrico? ¿Se reconoce con ello que todo fue en beneficio de esa empresa? ¿Por qué se dijo que ese plan garantizaría la “seguridad jurídica y laboral”? ¿Por qué se habló de interés público y urgencia perentoria? ¿Cuánto dinero público han costado ese plan y sus informes, asesoramientos y demás? ¿Y los vuelos a Bruselas, las dietas, los hoteles y las invitaciones?

Y… ¿por qué no solo se toleraron todas esas explotaciones ilegales y sus condiciones laborales tercermundistas, sino que se certificaron restauraciones ambientales –no pocas subvencionadas– que nunca fueron hechas? ¿Por qué se adjudican los trabajos de restauración de forma directa? ¿Por qué no se informa de que la adjudicataria –Tragsa– está inmersa en ERE para más de 1.600 de sus empleados o de las pérdidas millonarias que acumula? ¿Para qué se dan falsas expectativas a los desempleados de esas explotaciones, que por cierto nunca han cotizado en régimen especial de minería, sobre un futuro hipotético empleo nada más y nada menos que en una sociedad pública? 

Algunos pondrían el grito en el cielo con la comparación, pero se mueven en la mentira institucionalizada y la utilizan para tergiversar la realidad y justificar su fracaso. Ahí, siguiendo la doctrina de Goebbels, el íntimo de Hitler, el ministro de propaganda de la Alemania nazi, el de las mentiras repetidas tantas veces que se convierten en verdad. Lo dicho, ya solo quedan Sálvame y el polígrafo como última opción, si pagan aunque sea poco.

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