lunes, 31 de marzo de 2014

En hundimiento o liquidación, la orquesta sigue tocando



Como en la canción de Serrat y Sabina, mientras el Titanic se hundía la orquesta siguió tocando. En el último medio año, se liquidaban Coto Minero Cantábrico y sus restos, pero el silencio mediático y el pánico general distrajeron la atención de la sutileza del piano, la gravedad del bajo y la melodía del chelo entremezclada con el sonido ácido del violín. “Ay, ay, ay, ay, ay… en el salón la orquesta sigue con el fox…”

Este mes se conocerá la adjudicación de la sociedad y muchas son las especulaciones –tan interesadas, las más de las veces, como carentes de veracidad– sobre las hipotéticas ofertas por una empresa con una deuda de al menos 67 millones de euros y un horizonte de negocio a extinguir.

Entre sostenidos y arpegios, piano piano, la canción tiene bemoles. “Zarpó el vapor al fin, huyendo de la siembra y de la siega, se parecía a mí, el polizón oculto en la bodega…” Rumores a tutiplén teorizan sobre polizones que estarían haciendo ofertas en algún camarote. Citan a Pedro Emiliano Román, con intereses carboneros en El Bierzo y la cuenca del Narcea, o a Ramiro Arias, antaño empresario minero y hoy gran fortuna, importante accionista de Duro Felguera.

Extraoficialmente, solo se conoce la de la Compañía Minera Astur Leonesa, constituida hace unos meses por Rodolfo Cachero, huido años ha de Asturias y con un historial delictivo de película. De la terna parece caerse Hullas del Coto Cerredo, creada ad hoc y cuyo “socio único” es Hugo González, director de la propia sociedad en liquidación, que no habría conseguido una financiación acorde a su ambición.

Una garganta profunda cita una última opción, alertando sobre el llamativo cambio de nombre, objeto social y administrador que hace muy poco tuvo la acabada Televisión Local de Gijón, que ahora se llama Polibest Innovaciones y se dedica a la minería. El hasta ahora administrador, un tal Victorino Alonso que seguro les suena, fue repuesto por uno de los habituales testaferros de su holding.

Mucha pantalla y el recuerdo de cómo, antes de todo esto, en Asturias hubo una guerra sin cuartel en la que algunos empresarios del carbón se sirvieron de televisiones propias para hacer negocios mezclados con política. Sería una larga historia, pero una, TeleGijón, era de Victorino Alonso, y otra, TeleAsturias, de Rodolfo Cachero. Hoy debe ser uno de esos días en que la tele no ofrece nada al espectador, aunque al hacer zapping la canción sigue sonando: “La orquesta del Titanic no dejó de tocar, el fox de los ahogados sin consuelo…”

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