lunes, 3 de marzo de 2014

Entre Babia y Luna, la isla del pájaro invisible



Cuando se empezó a hablar del Parque Natural de Babia y Luna, todavía quedaban cascotes del Muro de Berlín sin recoger. Al cabo de veintidós años, llega la aprobación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Espacio Natural Babia y Luna (PORN), penúltimo paso para su definitiva declaración.

La retrospectiva entre el dicho y el hecho no explica tal prórroga ni en el remoloneo usual de la burocracia. Lo tópico será achacarlo a lo de “estar en Babia”, que es algo parecido a estar en la inopia, ya se sabe, pero si el centro de salud tardó taitantos años en hacerse (dónde y cómo aparte), lo del Parque Natural ha demostrado que, para cuando llegue la próxima realización, a las vacas de Tino Rodríguez no les quedará ya leche ni para los terneros a los que toque algo de mamandurria.

A lo mejor, por cierto, que el PORN se haya publicado ahora tiene algo que ver con querer esconder en el fondo de la mesa el batacazo que Europa acaba de dar a ese plan de cielos abiertos que prefieren que olvidemos. Solo a lo mejor. O, a lo mejor, tiene que ver con que estos trámites culminarán en cosa de un año, coincidiendo –qué cosas tiene la casualidad– con las elecciones. Solo a lo mejor.

Nos quedaremos con lo positivo. El reconocimiento y la protección de espacios únicos como la emblemática Peña Ubiña, la laguna de Las Verdes, el abedular de Riolago o los sabinares de Luna, deben servir para recuperar el tiempo perdido, con ayudas económicas, creación de un tejido turístico, promoción y actividades. Un diseño esbozado desde hace años por los hosteleros, desde la asociación ‘Estás en Babia’, con realidades como las jornadas gastronómicas de carne de potro o la reciente raquetada.

Y Laciana mirando con parsimonia, como un mastín tumbado en el corral. Deprime ver un valle con méritos no ya solo para ser Parque Natural, sino que los tendría como Parque Nacional, sumergido en su actual situación por dejarse llevar por hipnóticos de feria y cegueras de ignorancia. Una isla entre los parques naturales de Somiedo (1988), Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias (2002), Las Ubiñas y La Mesa (2006) y ahora Babia-Luna. Claro que con perlas como “tenemos que cerrar la mina por un pájaro que no hemos visto ni oído”, para qué decir más. La frase es de Ana Luisa Durán, casi ocho años de alcaldesa. Que alguien le diga, por favor, que en las cafeterías es imposible hacer nada y mucho menos ver un urogallo –al que se refería con lo de “pájaro”– salvo a la hora de la siesta en los documentales de la 2.

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