lunes, 10 de marzo de 2014

Ponferrada, hace un año y dos días



Como a Carlos López Riesco no le cuadraba ni la cuenta de la vieja, tenía el gobierno en pasivo y los presupuestos en contingente (dice el diccionario, “que puede suceder o no suceder”). Hace hoy un año y dos días que también fue 8 de marzo. 13 son más que 12, de toda la vida, pese a que en aquella suma no estaba prevista la división montada a golpe de twitter y telediario.

Samuel Folgueral haciendo manitas con Ismael Álvarez, pese a que al saltar el flash se le olvidara el detalle. Y Óscar López con los ojos haciéndole chiribitas hasta que tuvo que doblar la cerviz, con el pecado ya consumado. Su cohorte, entre oficiales, críticos y zurdos por la izquierda, sin comentarios. Y Riesco, con cara de velatorio y reprochando todo a todos, sin olvidarse de su partido provincial, que le dejó solo, y sobre todo de su otrora jefe y valedor, ahora algo parecido a su ejecutor, recordándole cómo se había “partido la cara” por él en aquellos malos tiempos, sacados otra vez a la palestra.

Ponferrada, ciudad del ladrillazo y el delirio corrupto, estaba en shock económico y sigue igual o peor. Como ya prácticamente no queda tejido industrial que adelgazar y liquidar, ahí están pendiendo de un hilo las térmicas y la Ciuden, esta semana más claro si cabe. Y como la megalomanía es contagiosa, el hundimiento sigue su naufragio con el Mundial de Ciclismo. En otros lugares, la cosa va de un aeropuerto sin vuelos o una obra de Calatrava cualquiera.

El circo de aquel 8 de marzo, hace hoy un año y dos días, con el revuelo mediático del acosador y su voto, las miserias de los cambiantes gobierno y oposición, las lágrimas de cocodrilo del difunto y el bautizado con el bastón de mando en las manos cual torero que enseña las orejas, sin descuidar el manteo final, que lo hubo, no iba en realidad de eso.

Las prisas de aquella moción contra el mundo y su ruido distrajeron el meollo circense de la acrobacia, el tragafuegos y hasta algún mago. Un contrato de limpieza casi eterno por aquí, otro de transporte urbano por allá, un mundial en porciones por acá y otras minucias. A ver quién encauza tales aguas, en Flores del Sil o más abajo, para seguir rodando secuencias de la película de la Torre de la Rosaleda y la Rosaleda en sí misma, la montaña de carbón, el caso Gürtel, el del Hormigón, el Caballo de Troya y, más atrás, el grupo Mall –con doble atraco en la plaza, que veinte años son nada–, la Inmobiliaria Minero y otros episodios gloriosos.

Por eso todo ha cambiado, para que todo siga igual.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;