lunes, 19 de mayo de 2014

Locura y cordura del todo vale



Hay en torno al asesinato de Isabel Carrasco un trasfondo psicológico que debería mover a la reflexión. Y no solo por el propio asesinato –lamentable y condenable, como todos–, sino por los sucesos que lo desencadenaron y lo que hemos visto y a buen seguro veremos.

Desde cualquiera de los prismas por los que se puede mirar, surgen preguntas como hasta qué punto dos personas que en su día a día llevan una vida pública aparentemente normal, pueden esconder otra vida en la que maquinan un crimen que por lo que se sabe fue secreto incluso para su propio marido y padre. Hasta dónde la vanidad o cualquier otro vicio tan insaciable impiden a alguien conformarse con un privilegiado estatus y trasladan a la miseria moral de querer más, exigir más, en este caso parece que a través del poder. Hasta dónde la inquina lleva a dos personas a la desesperada situación de querer matar a otra a quien conocen. O por qué ni una ni otra, en algún momento, decide abortar ese delirio compartido. La certeza de que no hay efecto sin causa no casa con la duda, todavía no del todo resuelta, de si en todo esto ha habido factores políticos, económicos, personales o algo más.

Y qué decir sobre los comportamientos y actitudes posteriores al asesinato. Qué pasa por la cabeza de quienes lo celebran, de los que lo justifican, los que lo utilizan y lo utilizarán (que los habrá), los que hacen pintadas infames en el lugar de los hechos, los que vierten miseria ética en las redes sociales, los que urden teorías fatuas en tertulias olvidando que detrás de ese revólver hay una persona, una familia rota, y que tras la fallecida hay otra persona, otra familia rota.

Susana Martín se preguntaba aquí cuántas elucubraciones se habrían hecho si el crimen no se hubiera esclarecido tan pronto, añadiendo un dolor innecesario a muchas personas y familias que podrían considerarse sospechosas, porque a Isabel Carrasco –y no es un secreto para nadie– le sobraban enemigos, sobre todo en su propio partido. Y es una pregunta interesante, que tendría que hacernos pensar de qué va esto, si el mundo que vivimos y esta sociedad del todo vale que estamos produciendo nos gustan.

Hay otra pregunta esencial y es cómo se sostiene que esas potenciales enemistades o diferencias que nos pueden separar en la vida política o en la personal, tienen que resolverse de forma tan atroz y por qué se llega a jalear o justificar eso. No lo sé, pero al final va a resultar que como todos estamos locos ser cuerdo terminará siendo una locura.

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