lunes, 26 de mayo de 2014

Olores



El de los libros por estrenar, la tinta fresca, el papel nuevo y tantos relatos por leer e imaginar. El del chocolate con pan de la merienda de la infancia. El de la cama recién hecha, nueva y por deshacer. El olor a limpio de la ropa recién planchada, el del jabón al hacerse espuma frotado en las manos. El de la hierba con el rocío del principio de la helada o recién amanecido antes de que los rayos del sol la evaporen. El del pescado fresco que llega a la lonja. El de los colores de madera, las ceras al afilarse, la plastilina, la goma de borrar. El de la vela encendida, el del quinqué. El del café que huele a mañana y a despertar. El del azúcar derritiéndose en él. El de la leña quemándose en el fuego. El de las castañas haciéndose en el tambor. El del gintonic, el orujo, el té. El de la fruta y su frescor. El de la leche recién ordeñada. El de la mantequilla dorando el pan tostado. El de la tahona, el pan caliente, la empanada recién hecha, las pastas, los bizcochos. El del costurero de las madres y las abuelas. El de un bebé. El del viento, según dónde estés. El de un piano al abrirse, con la mezcla sutil de las maderas con que está hecho. El del jazmín, las lilas, el brezo. El de las canciones de nuestra vida. El de la hierba al segarse o recién segada. El del dibujo que hace el niño en un folio en blanco. El de las témperas, las acuarelas. El del cine, las butacas, las ilusiones y quimeras que tantas veces nos reflejan en la gran pantalla. El de la tierra mojada después de la lluvia, con su pureza absoluta, paz tras la tormenta o presagio de acabarse el verano. El de las manzanas caruezas, los arándanos, las moras. El de las cerillas, tan momentáneo. El de la hojarasca, seca o húmeda. El del mar, tan distinto en acantilado, playa o puerto. El de las cajas de fotos, los papeles viejos. El de las antiguas droguerías y su infinita mezcla de esencias. El de la nieve, cuando de noche abres la ventana y sigue cayendo, o cuando deshaces en la mañana temprana el manto aún virgen con tus pisadas. El de un ramo de gritsándanas apañadas con los primeros soles, aún húmedos, de la primavera.

Olores… de momentos de nuestra vida que en nuestro imaginario llevan siempre consigo asociada una fragancia. El olfato es el más evocador de los sentidos y nos transporta a escenarios, ocasiones, compañías, sin el menor esfuerzo. Nos mece en las olas frágiles y lentas de los aromas y no necesita palabras para dibujarnos una sonrisa.

[En colaboración y para mi amiga Rocío López].

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