lunes, 12 de mayo de 2014

Todo por amor



Entre el amor y la fe a su marido de la infanta Cristina y el enamoramiento que puso ciegas las hormonas de Isabel Pantoja, en Villablino nos explicamos últimamente muchas cosas. La alcaldesa no debe estar enamorada, porque poco le queda de aquella mujer a una sonrisa pegada, tan parecida a la de Zapatero y los “dientes, dientes” de la Pantoja. Ana Luisa Durán ahora se esconde de la realidad, gasta ceño fruncido y declara naderías, que es lo que hacen los que no sirven para otra cosa o los que han agotado todos los registros, incluido el de las risitas.

La noticia de que el Ayuntamiento de Villablino iba a hacer inventario de sus bienes para ponerlos en venta, ha sido otra ocurrencia de quita y pon con que los magníficos que nos han tocado en gracia intentan cubrir otra semana de vacío. No es ya que el público no entenderá si el consistorio tiene que hacer inventario porque no lo tiene (lo cual sería para nota) o que no estemos precisamente en el mejor momento para vender (que también), sino que se dice que el invento servirá para que familias necesitadas puedan contar con vivienda. ¿Cómo puede asumir una familia sin recursos la compra a una administración de inmuebles en desuso –y hasta en ruina–, en los que aparte del desembolso de la compra tendrá que asumir gastos de reforma y demás? No le den vueltas, no las tiene.

Durante dos legislaturas, Ana Luisa Durán ha exprimido la media naranja, el limón entero y el resto de cítricos culpando de todo a “la herencia recibida”, recordando si viene a cuento y también si no, que el ayuntamiento está endeudado hasta las orejas y que ella solo paga deudas ajenas por condenas judiciales que llegan cada día.

Sería ilustrativo repasar los pleitos que el Ayuntamiento de Villablino ha mantenido en los últimos años y mantiene con su propia plantilla. Esa misma a la que se informa a través de la prensa que no se le paga porque algunos empleados acuden a los tribunales (con razón o sin ella, hacerlo es derecho constitucional). La misma a la que se obliga a varios empleados a reclamar judicialmente cuestiones de sentido común cuyo fallo se ve claro, con condenas de miles de euros para las arcas públicas, más costas judiciales. O la misma en la que se recompensa con pluses de toma y trae a los próximos en la amistad, la familiaridad, la servidumbre y la simbiosis política.

Pero estamos reduciendo deuda, eh. Y somos socialistas. Si se le pone la cosa gringa, alcaldesa, diga que es todo por amor… a la causa o al pueblo, pero por amor.

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