lunes, 14 de julio de 2014

Descapitalizar sin escrúpulos



Hace cuatro meses, a escasos días de que se conocieran oficialmente los pretendientes de Coto Minero Cantábrico y algún polizón que formaba parte del decorado, decía uno en esta columna que –como en el Titanic– pese al hundimiento la orquesta seguía tocando, recordando el pulso de años ha entre Victorino Alonso y Rodolfo Cachero con sus televisiones asturianas de fondo. En aquellos tiempos de pelotazo de obra pública y orgía carbonera subvencionada, sin redes sociales y con menos desengaños colectivos, las plataformas mediáticas encumbraban y sostenían al poder político, a través de los cuales uno y otro empresario hicieron negocios.

Incluso ahora, que ya solo quedan migajas de remanente, la avaricia sigue rompiendo el saco y el reencuentro de los viejos conocidos en torno a la liquidada CMC, o sus restos, tiene bastante que ver con aquello. En síntesis, el holding encabezado por Victorino Alonso se deshizo de esta sociedad, surgida de la andadura casi secular de las otrora gloriosas MSP y Hullas de Coto Cortés, tras arruinarla y sumirla en un lodazal de líos judiciales y administrativos. El concurso de acreedores concluyó en solicitud de liquidación, y la puja por su parte más golosa, la que dicen es la mejor mina subterránea de Europa y su cielo abierto, ambos en Cerredo, la hizo recaer en Rodolfo Cachero.

En principio, todo normal salvo el “regalito” de la constitución de un coto minero –figura legal mediante la cual dos o más sociedades explotan determinadas concesiones en común– con otra de sus empresas, UMINSA. Es llamativo que las concesiones de CMC, en este caso de Hullas del Coto Cortés, pudieran ser utilizadas en beneficio de otra empresa del mismo holding, que solo aporta otras concesiones inútiles para esa explotación. ¿No es algo parecido a descapitalizar?

Pero no solo eso, porque la triquiñuela del coto minero brinda ahora al grupo Alonso un inmejorable elemento para extorsionar, al negarse a un acuerdo que pretende demorar e impedir el reinicio de la actividad y judicializarla. Una actuación previsible visto todo lo visto, dentro de la que tampoco sorprende el auxilio que determinado partido y sindicato prestan, ayudados por algunos medios de comunicación. 

La escena del desmantelamiento estos días de miles de viejas vagonetas y vagones para ser vendidos como chatarra, como continuarán otras instalaciones, es tan patética como un final al que solo le queda un ambiente caracterizado por una total falta de escrúpulos y el silencio de los corderos.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;