lunes, 11 de agosto de 2014

Estropicio de garrafón



Hace más de quince años que un alcalde mandó tirar un puente con el único fin de impedir que su sucesor materializara uno de sus proyectos, la Vía Verde de Laciana. Lejos de orillarse en ese rincón de la memoria donde van a parar los recuerdos sobrantes, esos que indignan y dan vergüenza ajena, aquel momento regresa ante el daño irreparable –otro más– que van a cometer la actual alcaldesa y cuantos participan en el delirio del llamado “Camino Natural del Ferrocarril Minero de Villablino”. El derribo de aquel puente no impidió que el proyecto se hiciera, pero obligó a diseñar una pasarela metálica de dudoso gusto y peor factura que el antiguo, que era de piedra. En lo económico, la broma supuso un incremento de presupuesto por encima de los sesenta millones de pesetas. Como suele ocurrir con estas cosas, no hubo responsabilidades por tal perjuicio del interés público.

Los más de siete kilómetros de la Vía Verde de Laciana son hoy utilizados por muchas personas que pasean a diario entre Villablino y Caboalles de Arriba esquivando suciedad, desperfectos y destrozos. Ahora el Ayuntamiento de Villablino impulsa con el Ministerio de Medio Ambiente este “Camino Natural” en el único tramo que queda de vía, al otro lado del valle. La idea viene a ser la misma y supondría el desmontaje de toda la plataforma ferroviaria del antiguo ramal a Villaseca. El ayuntamiento se ha comprometido oficialmente, porque así lo exige el ministerio, a mantener en condiciones la futura senda. ¿Quién puede creer que no siendo capaz de mantener cuidado un paseo de 7,2 kilómetros, va a ser capaz de hacerlo a mayores con otro de 9,8 km?

Aún más, el desmantelamiento de la vía eliminaría de cuajo la posibilidad de otros proyectos como la creación de un bici-raíl o incluso un tren turístico de vapor, mucho más modesto y asumible que el Ponferrada-Villablino. Los bici-raíles son atractivos por lo escaso, los trenes turísticos mucho más. Sendas para pasear, ya saben, las hay por todas partes. A las sucias y descuidadas, los turistas van una vez y no vuelven. 

En Samuño (Asturias) hace un año que funciona cada sábado un tren de vapor que recorre un par de kilómetros, una parte en exterior y otra por un transversal minero. Solo en el primer año ha tenido 34.000 visitas. ¿Se imaginan que con el millón de euros que se va a despilfarrar en esta obra, o con el otro millón que costó el centro de interpretación de los castros, se hiciera algo así? Algo útil y atractivo, no este estropicio de garrafón.

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