lunes, 4 de agosto de 2014

La Popular de Sosas y Laurynas



La lechería ‘La Popular’ de Sosas de Laciana se enclava en un paraje bucólico, frente a un molino, a la vera del río y al lado de la devesa. Es una metáfora esencial de que el tiempo corre como los ríos, la tierra da sus frutos y la esperanza nunca ha de perderse, porque no ha habido invierno que no trajera tras de sí una espléndida primavera.

Hace unos días, en la noticia de su inauguración definitiva ni se mentó a personas que, en algún momento, pusieron su grano de arena para que por fin y tras más de una docena de años, esa noticia pudiera ser realidad. Afortunadamente, son contados los que no hicieron otra cosa salvo lucir (o deslucir) palmito y aprovechar réditos, pero los hay y justo es decirlo, tanto como que sin la decisión y el esfuerzo de la actual Junta Vecinal la recuperación de la Lechería difícilmente habría sido posible. Tampoco sin las subvenciones del Instituto Leonés de Cultura y de Cuatro Valles, y sin el trabajo comunal de unos vecinos que han dedicado unos cuantos días de trabajo y, como en toda facendera que se precie, compartido bota de vino y viandas.

Pero nadie se ha acordado de Laurynas Papickas, por ejemplo, que hace doce veranos llegó al Valle después de más de mil kilómetros haciendo autostop. Este joven lituano de 19 años, que como todos los viajeros legendarios nunca volvió, salió de Vilnius e hizo escalas en Kaliningrado, Berlín, Frankfort, Estrasburgo, Dijon, Lyon, Montpelier, Barcelona, Zaragoza, Burgos, León y Piedrafita de Babia, hasta llegar a Villablino. Lo hizo para participar en el Campo de Trabajo, con otras personas llegadas de todas partes, sin conocerse entre sí, que compartieron su tiempo y su paciencia y prestaron sus manos y su fuerza en la restauración de la única lechería hidráulica de España. La razón de venir tan lejos, la razón de pagar por trabajar –una cantidad simbólica, pero pagada y no cobrada al fin y al cabo–, puede que responda a su creencia en la siempre inacabada tarea común y una concepción universal del mundo.

Ideas, en sí, que hace más de un siglo trajeron al Valle las primeras máquinas para el tratamiento industrial de la leche, de la mano de la Escuela de Sierra Pambley, que hicieron posible tras varios ensayos de cooperativas la “fábrica modelo de manteca fina” de lo que luego sería Mantequerías Leonesas, la creación de una fuente de riqueza compartida entre prados, outseras y brañas. Ideas que deben guiar esta nueva época de la Lechería para que no sea solamente abrir su puerta, sino darle vida.

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