lunes, 29 de septiembre de 2014

Basuras y flores



Para cuando estas líneas se publiquen, el olor de las balas de basura de Santa María del Páramo habrá llegado ya a todos los medios. Con un poco de retraso, sí, pero muchas veces también habla (y de qué manera) el silencio. Desde la capital no se ven ni huelen los fardos –aunque sean 400.000, a 650 kilos cada uno– y las redacciones no se diferencian tanto de los despachos. Cierran las puertas al mal olor, que estropea la moqueta, contamina las tapicerías y cortinas, y noquea el pensamiento de los señoritos sedimentados en los cargos y sus amebas adosadas. Tarea inútil, tantas veces, la del reciclaje de la realidad al gusto del poder, como la de cerrar puertas al lío de las balas, porque el mal olor está también, y sobre todo, dentro de esos despachos.

La basura si se revuelve huele, es sabido. Un juzgado acaba de parar el ajetreo de los camiones que han forzado el calendario intentando consumar los hechos antes de esto, que se veía venir. Y ahora qué, lo de siempre, nada, la crónica de una historia que apesta, esta en sentido literal y figurado. Las mismas responsabilidades políticas y legales que sobre una inmensa montaña de basura que nunca tuvo que existir, que pasó de pequeña y provisional a eterna y desmesurada, que ha costado y costará una millonada, que intentaron esconder con un sellado que el mismo juzgado calificó como “un auténtico atentado a toda la planificación y previsión en materia de residuos”.

Qué dirá la Diputación, qué dirá Gersul, qué dirá la Junta. Nada, lo mismo que sobre aquel famoso abono regalado a los agricultores, procedente del CTR de San Román de la Vega, que decían era orgánico pero estaba lleno de vidrios, pilas, plásticos, medicamentos, metales y materias similares.

A lo mejor algo de abono le hace juego al alcalde Emilio Gutiérrez, que en su tour de plaquitas en plazas y rincones varios, acaba de inaugurar un calendario floral cantándole nanas al parlamentarismo. Una idea muy original (sin ir más lejos, años lleva uno en Oviedo, Paseo de los Álamos, parte baja del jardín de San Francisco). Tan original como el próximo arrullo de cuna del concejal Julio Cayón: un cachorro floral gigante, como el Puppy de Bilbao, pero con la figura de un león. No se sabe si será naciente, que sería lo natural de tanto mentar la cuna, o rampante, más propio de las fantasmadas, pues se descarta el mornado por inútil, al no tener dientes, lengua ni garras.

Y a ver qué nombre le ponen al bicho. ¿Pocoyó, como aquel parque que tan poco les gustaba?

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