lunes, 1 de septiembre de 2014

La caja de Pandora



Resultó que un día se supo que la caja de ahorros era la de Pandora. En realidad, las cajas llevaban muchos años siendo de Pandora, desde que dejaron de apoyar la humidad del agricultor, el ganadero, el minero, el jornalero, los pequeños empresarios que con inquietud emprendedora dieron vida a comarcas enteras o proyectos empresariales que permitieron trabajar a no pocas personas toda su vida en la misma empresa. Aquellas cajas fundaron y sostuvieron verdaderas obras benéficas, sociales, culturales, en lo que hace a León tan importantes como la Universidad.

El pulpo de la política, tan insaciable como el capitalismo, alcanzó las cajas de ahorros, en teoría para garantizar su gestión, en la práctica para saquearlas. Con las vajillas, juegos de toallas, televisiones y obsequios varios, las cajas trajeron seguros, visas y comisiones como los bancos a los que durante tantos años intentaron no parecerse. Al final se parecieron tanto, que terminaron defraudando a sus clientes con preferentes y deuda subordinada. Y no, no hace falta irse a Galicia, Madrid, Valencia o Castilla-La Mancha. Aquí la cúpula de Caja España y Caja Duero se movió en tan pantanosos terrenos “a costa y en perjuicio de los clientes para capitalizar las cajas” y “para poder retrasar y ocultar el deterioro económico-financiero de las entidades” y “enmascarar una situación difícil financieramente”. Son palabras del juez de la Audiencia Nacional que acaba de imputar a ocho de ellos. La noticia se conoció a la vez que Christine Lagarde, guardiana de la economía mundial, era imputada por un caso de corrupción, lo que en sí mismo o junto con lo demás da idea de la dimensión de todo.

Aquí, en León, no deberían resultar tan extrañas esas cosas que se leen o sobreentienden en los correos de Blesa, cosas nada ajenas a cualquiera de las cajas quebradas tras años y siglos de andadura y servicio a la sociedad (muy importante esto). Y lo mismo que hubo burbuja inmobiliaria, negocios dudosos o irresponsabilidad cuando no corrupción, se pagaron edificios por encima de su coste real, se dieron créditos en condiciones ventajosas a presidente y consejeros o se costearon indemnizaciones millonarias. Y lo mismo, hubo otros asuntillos menores como regalías en concepto dieta a todo el que pasaba por allí o el alquiler de algún almacén para restos arqueológicos. Los medios empezaron a contar algo cuando a la caja, que gastó sus últimos fondos en viajar a Málaga, no le quedaba ni para anuncios. Ay, la caja de Pandora.

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