lunes, 6 de octubre de 2014

Grialitis



Un amigo lo llama grialitis, con nombre de fiebre o virus, que lo es, más ahora que en Valencia santifican su copón y en León a debatir si eso es bula, bola o regalo de arzobispo. Terminará siendo materia de congreso internacional si en las pinturas de la Última Cena el fondo tiene vistas al mar o son los pinos del Teleno, si los apóstoles aparecen descalzos porque venían de la Albufera o tuvieron que vadear el Bernesga, y al final alguno se termina descolgando con que en vez de vino (¡viva el del Bierzo!, que diría el presidente de la Diputación) Jesucristo echó un trago de horchata. Curioso debate sobre un supuesto objeto supuestamente empleado en una supuesta cena que se supone celebró un personaje supuestamente existente. Dirán que uno es incrédulo, escéptico o cualquier cosa, incluso pecador. Qué más da. 

La fiebre del grialitis, cosas de la vida, como la del parlamentarismo, absorbe de tal forma lo poco que queda en esta tierra, que otros hechos históricos por los que debiéramos sentir no sabe uno si más interés, pero al menos el mismo, se relegan al baúl de los olvidos. Hechos históricos, sí, pues como tales están documentados y contados, aunque con tantas cosas y matices aún por conocer. 

Por ejemplo, los sucesos de octubre de 1934 de los que estos días se cumplen ochenta años. Aquel intento de revolución, en la II República, de los socialistas frente al gobierno de la CEDA, que llevó a la proclamación de la independencia en Cataluña (la frase está en pasado aunque no lo parezca) y a proclamar la revolución social en diferentes cuencas mineras, también las leonesas. Aparte del Cristo Rojo de Bembibre, el pasaje leonés tal vez más conocido, muy pocos saben siquiera someramente lo sucedido en esa semana en Villablino, el valle del Sil, Ponferrada o las comarcas de Sabero, Boñar o Gordón. Peor aún es el desconocimiento total de otro hecho –este más singular y extraordinario–, la insurrección anarquista de diciembre de 1933. Salvo en Cataluña, Fabero fue el único lugar de España en fue proclamado el comunismo libertario, gracias a la implantación local de la CNT, liderada allí por Clemente Aparicio.

Él, como Zenón Prieto, Genaro Arias ‘El Pata’, José Sanz de Frutos, Alfredo Nistal y tantos personajes reales, sumergido está en el baúl de los olvidos, mientras se sigue brindando al sol con copones de milagro. Por algo desde Madrid envían solo migajas de presupuesto y como ya no hay saco sin fondo, quieren arreglarnos el fondo de saco del tren con un bypass.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;