lunes, 13 de octubre de 2014

Mauricio Peña



Hace un año, el periódico francés Libération salió a la calle sin fotos, con unos marcos vacíos en sus espacios, queriendo poner en valor la importancia de la fotografía y reivindicar el trabajo del fotoperiodista. A menudo se olvida lo que cuestan las cosas: disparar una foto en todo tipo de circunstancias, con calor o con frío, estar en todas partes en el momento apropiado, jugarse más de una vez el pellejo, aguantar jornadas de trabajo interminables y literalmente de sol a sol.

Es un tópico que la información no se entiende sin imagen, que una noticia no es lo mismo con o sin fotografía, que es lo primero y a veces lo único que nuestro ojo capta al visualizar una página. Pero para eso de que una valga más que mil palabras, hay que ser un artista. Estos días en León se ha puesto de manifiesto que, además de esa función cotidiana e inmediata para la información, las cámaras recogen (muchas veces sin saberlo) pasajes y pedazos de historia que, a lo largo del tiempo, conforman la Historia.

Mauricio Peña, Mauri, decano de los periodistas gráficos leoneses, acaba de inaugurar exposición y presentar libro, ‘León entre dos siglos’, editado por este periódico que es el suyo. Treinta años de sueños y decepciones, de fiestas y huelgas, de visitas de reyes, presidentes, ministros y demás viajeros profesionales, de los días gloriosos (los hubo) del deporte leonés, de toros y papones, también de anónimos que algunas veces se dejan fotografiar y otras son sorprendidos por el ojo de este tío a una cámara pegado, capaz de pasar desapercibido y conseguir la mejor escena… para la última página.

Viendo la selección, da la impresión que cuando empezó todo Mauri ya estaba aquí. Con Ful en aquel Ford Fiesta haciendo la Marcha Negra con los mineros de mi pueblo, o en instantes tan simbólicos como el de Vicente el de Riaño levantando la cacha a una cohorte de guardias prestos a desalojarle de su pueblo para inundarlo con una cantidad de agua tan grande como la mentira que perpetró.

No fueron esas, la Marcha y Riaño, las últimas grandes mentiras de León. El desenfreno de ‘moralsantín’ y cía con sus tarjetas todo pagado, el delirio de los fondos mineros tan revitalizado ahora con la travesura económica de ‘josiángelvilla’, o el lío del AVE que si soterramiento que si apeadero que si nada, hacen que cada vez cueste más creer en algo, creerse algo.

Mauri, tan ajeno a este aquelarre de selfies y postureos que también tiene mucho de mentira, es un tío de verdad que hace fotos de verdad.

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