lunes, 10 de noviembre de 2014

A la guerra en piragua



Como las musas no se dejan caer por aquí, recurre uno a Alfonso Guerra, que también tiene algo de muso. El ex vicepresidente dice adiós al Congreso de los Diputados, en el que ya estaba a punto de mimetizarse con los frescos de la bóveda. Le hubiera quedado bien un adéu, pero no están las cosas para chascarrillos catalanes, aunque como buen andaluz lo podría haber arreglado con que está el patio tan ashushurrío que lo de cotizar 50 años a la Seguridad Social es cosa de tan pocos, que llegar a los 100 lo deja para otro. No hubiera estado mal que reconociera que al menos tres cuartas partes las ha cotizado, y de qué manera, en política.

Alfonso Guerra se apea de la piragua y a lo mejor termina en algún catamarán o el primer yate que pase. ¿O está montado ya? Se apea o lo apean, quién sabe, aunque a sus años a uno ya solo le deben apear la edad o la salud, porque el aburrimiento se puede compensar, que le pregunten a Felipe González. A España ya no la conoce ni la madre que la parió, como predijo una vez este actor que de tanto interpretarse terminó en la impostura de sí mismo, aunque se disfrace bajo la fachada irónica y el verbo afilado del “tahúr del Mississippi” o el “mariposón”. Se va el que dicen último guardián de las esencias del socialismo, qué cosas tienen algunos, que no espabilan ni con el tortazo de Villa el del SOMA; por cierto, viejo conocido y cercano colaborador de Guerra.

Entre piraguas andan en Ponferrada los concejales y el alcalde Folgueral. Esta semana han inaugurado un embarcadero en el Sil, porque hace ¡diez años! el ayuntamiento compró veinte canoas, pero se quedaron en la tienda por no poder utilizarse. ¿Serán de aquellas facturas de los cajones, que iban a llevar a alguno al banquillo y de las que no se supo más? Ya dice el concejal del ramo que con lo de las piraguas se empezó la casa por el tejado y que se han estado muriendo de la risa, a lo mejor porque andaba por allí Guerra con su humor ácido diciéndoles que el único río navegable es el de su Sevilla…

Mientras, en León los aficionados al piragüismo que entrenan en el Bernesga –algunos campeones de España– se quejan del poco cuidado que tiene el cauce del río y las dificultades que sufren en sus turbias aguas. Ni tan turbias, sobre todo por algún palacio. El embarcadero de Folgueral se presta a botar-votar familiares y amigos en la piragua electoral del PSOE. En el PP de León, la “reacción” tiene que limpiar aún los sedimentos, que en su piragua no habrá palas ni sitio para todos.

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