lunes, 3 de noviembre de 2014

Babas del diablo



A la Diputación de León, “la más transparente de España” (sic), se le rompieron sus cristales opacos el lunes. A las ventanas de la planta noble les han salido rejas como telarañas, que los argentinos llaman babas del diablo, un nombre versátil con título de cuento de Cortázar, y tan viscoso e infernal como una muerte política o una condena pública, de esas que, nunca mejor dicho, las carga el diablo.

La supuesta red de corrupción a través de la que los conseguidores de turno estaban haciendo el agosto y el año entero con favores de políticos y funcionarios en determinadas instituciones, ha llevado a la cárcel a Marcos Martínez, presidente de la Diputación desde hace apenas cinco meses, pero casi veinticinco años como alcalde de Cuadros, entre otros cargos intermedios.

Con el reposo que dan los días, en el thriller se ve su detención un tanto llamativa, con tiempo suficiente a los fotógrafos para inmortalizar el paseíllo, lo mismo que la dureza de las palabras de algunos compañeros de partido –hasta ese día templados y moderados– como si el refrito se estuviera cocinando a fuego lento, pero solo aguardase el momento justo para entrar en ebullición. O, en general, como si ahora pillara de sorpresa de qué iban las cosas en la Diputación (licitaciones, obras, personal y etcétera) desde hace años

A estas alturas no se sabe qué es peor, si el presunto mangui que hasta hace dos días era la de dios (y que de confirmarse las acusaciones merece el total repudio), o los que pretenden hacer creer que mientras todo pasaba ellos estaban cazando gamusinos. El invitado estelar a cualquier sarao con la prensa presta a tirarle la mejor foto para la loa del día, rodeado como una reliquia en cada procesión por todos esos de los que muchos llevan ahí desde la Pepa, y que querían seguir estándolo, como él, por eso hasta el otro día le susurraban al oído cantos de sirena intentando forzar la sucesión en el poder de la asesinada presidenta en la figura de su valido, el ahora caído, para que cambiara la cabeza pero no el staff

Y ahora, como si se hubieran tragado las babas del diablo, las arcadas forzadas de todos. Eduardo Fernández dice que no pone la mano en el fuego ni por él mismo, pero Tino Rodríguez tampoco por sus diputados. El PP, tratando de evitar más azares, los manda a casa el fin de semana a hacer “examen de conciencia”, a espiar los pecados, dando por hecho que los hay. Tremenda paradoja que el sábado fuera el día de Todos los Santos y el domingo el de los Difuntos.

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