lunes, 24 de noviembre de 2014

Carbón, viaje a ninguna parte



Las campanas del carbón doblan a muerto desde hace tantos gobiernos, tropecientas reconversiones y miles de millones en el limbo del descontrol, que con su tañido nadie pide ya vela para el entierro. En la inquietud de la rampla ya no quedan mampostas que sustenten el arranque del carbón, en una penumbra fría y húmeda con un aire enrarecido tan inveterado que ni por maleza se toma. El grisú ya no adormece hasta la muerte al canario para alertar de que no queda aire.

Algo sucede, sin embargo. Algunas de las cosas que durante tantos años se han dicho han pasado del indicio al hecho probado, de lo presunto a lo consumado. José Ángel Fernández Villa, el “pujol” de la minería, hizo suya la última amnistía fiscal para legalizar más de un millón de euros en negro, y no le fue a la zaga su heredero José Antonio Postigo, que también legalizó una cifra inferior, pero nada despreciable. Que pase el siguiente, se está esperando. Fue hasta hace unos días el penúltimo tiro de la dinamita que ha hecho añicos lo poco que quedaba de la desalentada conciencia obrera, colmo de la impostura de toda esta gandaina, que es como se llama en la mina a la gente de poco fiar. El último, de momento, la sentencia que esta semana condenó a cinco acusados a prisión y multas millonarias por hacer pasar carbón de importación por mineral de la mina La Camocha. Entre los condenados, un consejero de Industria del Principado de Asturias, antiguo superior del hoy presidente Javier Fernández, quien hizo carrera de funcionario en la sección de Minas. Cabe preguntarse si toda la trama le es ajena (al menos en conocimiento), como cabría preguntar “del puerto pa’ acá” a algún cargo leonés que también proviene de tal departamento en la Junta.

Un descontrol de dinero público de estas dimensiones no puede despacharse en cuatro líneas y más afectando en común a administración, sindicatos y empresarios de dudosa trayectoria. Los controles de los fondos han sido deficientes, cuando no inexistentes, en su destino final y en su viabilidad. Con razón el ministro Piqué se sorprendía cuando el SOMA-UGT insistía en construir un campus universitario en Mieres. Piqué, economista y catalán, no entendía aquella obsesión y preguntó cuánto se tardaba en ir de Mieres a Oviedo. “Menos de diez minutos, ministro”, le contestaron. Y exclamó incrédulo: “¡Si se tarda mucho más desde el Ministerio de Industria hasta la Complutense!” Era un viaje a ninguna parte y sin billete de vuelta, pero en el que unos cuantos se forraron.

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