lunes, 15 de diciembre de 2014

La amalgama del valido



Un amigo que conoce bien la casa dice que el carrasquismo tenía que terminar como ha terminado, con todos los elementos de una película de terror. El comentario, que a los más susceptibles parecerá de una perversidad macabra, dice mucho entre líneas. Quién sabe lo que todavía queda para el final, si es que lo hay, porque en esta película el terror se entremezcla como una amalgama con el suspense y con el drama, así sin más, resultando el resultado pura ciencia ficción. Esa que siempre supera la realidad.

La estampa de Marcos Martínez saliendo de la prisión de Navalcarnero se parece mucho y a la vez es distinta que la de la tarde de mayo en que Isabel Carrasco fue asesinada a tiros estando él muy cerca. La cara y las lágrimas del valido llorando a su valedora se encontraban aquel día de primavera con los abrazos y las manos en el hombro de sus “compañeros” entre comillas.

Ahora, sus pasos saliendo de la cárcel, que es el lugar al que van algunos –solo algunos– delincuentes y también algunos inocentes, son como los del marino que vuelve a casa después de la tempestad sin barco y sin nada más que su supervivencia. En la noche de diciembre, cabizbajo y con la mirada perdida, el condenado sin sentencia cambia la soledad de la celda por la calle fría de invierno. Un anticipo brusco del destierro del oropel que tenía y que soñaba mantener. El tiempo dirá si el cinco meses presidente de la Diputación y veintitrés años alcalde de Cuadros tiene algún brazo más del que agarrarse, o al que agarrar, aparte del de su abogado.

Parece prudente esperar a escuchar, leer, interpretar, las explicaciones que ha anunciado quien ha pasado más de cuarenta días en prisión acusado de seis presuntos delitos. Parece lógico pensar que estos días a la sombra le ha dado tiempo a meditar sobre todo y sobre todos (incluido él), mientras sus “compañeros” en la Diputación se quitaban las basuras de encima. Como si fuera tan fácil, cuando personajes como el alcalde de Sahagún declaran en sede judicial que si falsificó unas facturillas fue porque le dijeron en la Diputación que lo hiciera así. Él no sabe nada de ayuntamientos, solo tiene un taller de bicicletas. A Marcos tal vez le pasa algo así, que de política sabe poco y como buen valido lo suyo era más bien la fontanería. ¿Por eso le replicarían, cuando trascendió que dijo que su detención era una caza de brujas política, que se dejara de cine fantástico? Menuda amalgama peliculera entre fantasía, miedo, suspense y melodrama… aún sin “the end”.

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