lunes, 19 de enero de 2015

Palada va, palada viene



Si aquella frase no sonara más a Urdangarín que a Gürtel, aquello de “la justicia es igual para todos” con que el rey se descolgó la Nochebuena de 2011, se habría tomado a broma, qué tío, siempre tan campechano. Una humorada a destiempo, si las cifras del paro o los desahucios no fueran (son) demasiado escandalosas para la risa.

Vuelve lo de “la justicia es igual para todos” estos días, con el juicio de la Audiencia Provincial en el que se piden seis años de cárcel para José Luis Martínez Parra y otros tres para Clemades Rodríguez. Al primero, director de la cantera de Catisa, se le imputa un delito continuado contra los recursos naturales. Al segundo, alcalde de Carucedo, prevaricación ambiental. El fiscal dice que ahí está el cráter “con un efecto ante un paraje protegido y monumento natural que obliga incluso a aplicar photoshop para elaborar documentos difusores del paraje”, mientras las administraciones miraron a otro lado, ciegas ante un “impacto paisajístico bestial”.

No pretende uno defender ni al caballo ni al caballito de Troya, ni a los jinetes –tantos– que les frecuentaron o rondaron en su galope. La visita del Papa a Valencia sonaría a música celestial, pero no tanto la aparición de un millón de euros en fajos de billetes de 500 en una caja fuerte, la presunta conspiración para asesinar a un consejero autonómico o los sabotajes a la competencia en época de hormigón y autovía… por ejemplo. Y tantas cosas, porque en la vida de un albañil analfabeto venido a más en la época del haiga cabe de todo, pero los herederos nunca defraudan. Por aquello de no quedarse solo en “hijo de”.

Cuando uno es de Laciana, leer que hacer fuera de la ley un cráter “con un efecto ante un paraje protegido y monumento natural que obliga incluso a aplicar photoshop”, hace dudar si el comentario no se referirá a algo cercano. Ya saben, el subconsciente piensa en lo que más conoce: los cielos abiertos de Feixolín o Fonfría, que ahí están, abandonados por Victorino Alonso y restaurados subsidiariamente por la Junta, con millones y millones de euros de dinero público, sin apenas difusión, no vaya a ser que alguien se escandalice.

Por eso lo de “la justicia es igual para todos” suena a chiste pero no tiene ni pizca de gracia. Dónde están, por ejemplo, quienes han permitido desde las administraciones lo que han hecho estos dos, dónde los que lo hicieron en otras zonas, y dónde los que se lo permitieron también. Palada de escombros va, palada de billetes viene. Y se van de rositas.

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