lunes, 12 de enero de 2015

Panegírico con pétalos helados



En el mundillo político de Villablino algún chisposo dice que si un alcalde quiere dejar de serlo solo tiene que hacer una fuente. Le pasó a Manolo Barrero con su emulación fatua de la recordada fuente de La Plaza. La metió en un parque de nuevo cuño y le quedó un quiero y no puedo. Le pasó a Pedro Fernández, cuando mandó hacer una colosal con chorros de agua y luces, y como veía que no llegaba a cortar la cinta, la fue inaugurando varias veces aunque sin terminar, en la campaña de las elecciones que perdió. La dejó sin pagar, por cierto, y al final costaron más intereses y costas judiciales que la propia factura, que no era moco de pavo. Le pasó también a Guillermo Murias, que hizo otra donde los más perspicaces riñeron, como una maldición, que una corporación de IU mancillara el espacio donde estuvo la Cruz de los Caídos. Treinta años y todo tan distinto y tan parecido.

Ana Luisa Durán es más de destruir y demoler que de hacer, pero aún así ha tenido tiempo de concebir su particular pastiche. (Pastiche: “imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente”). Se quedó en mala copia de aquella fuente que los lacianiegos (los de entonces, que ya no somos los mismos) habían dedicado a Sierra Pambley. Treinta años y dos imitaciones para cultivar el mito y deprimirnos con lo real, pero dónde habrán quedado la de verdad y su significado. Del agua mejor no hablar, debe estar estos días helada.

Enero puro témpano, como un jarro de agua fría. No por esperado deja de ser patético el adiós de la peor alcaldesa que ha tenido este pueblo. Una política incapaz, intolerante y vacía, que se va sin hacer una sola obra de utilidad pese a sus despilfarros. Sus hitos en plan barato son su connivencia con Victorino Alonso (ahí están los resultados), el desalojo del público en un pleno a modo tic demócrata, mantener en su puesto a un empleado condenado por abuso sexual, demoler unas escuelas para estirar por interés electoral la mentira del parador, o sumir al ayuntamiento en infinitos pleitos, no pocos con sus empleados, a los que paga tarde o no paga porque con las cuentas ella y los mediocres que la rodean son otra calamidad.

Deja el pueblo desolado, sucio y abandonado. También las fuentes, de las que ni sale agua. Está helada, fría como los pocos pétalos que le quedan a la rosa del PSOE, que han dicho a su verdugo político que nadie la quiere.

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