lunes, 23 de febrero de 2015

Nada nuevo



Es preocupante, aunque no sea nada nuevo, que la sociedad acepte tantas cosas, como esos cantos de sirena acerca de la estabilidad que generan un estado de bienestar ilusorio, obstinado en distraer con milongas para relegar la atención sobre derechos y deberes ciudadanos que, si se hubieran ejercido en los penúltimos tiempos, los últimos no serían tan ruinosos ni aborrecibles en corrupciones y corruptelas, cuya vulgaridad, pena da decirlo, no desmerece frente a la de la propia sociedad.

Cual síntoma, cual problema, no se sabe si fue primero el huevo o la gallina, es decir, si los maniobreros en jefe y los dóciles que aquéllos utilizan copan los aparatos de los partidos políticos, o si es la configuración de los propios partidos la que ha hecho de ellos su génesis. Una parte importante de la sociedad reclama nuevos aires y nuevas prácticas, pero nada cabe esperar de bodegas con tanta cosecha añeja, avinagrada y picada.

Seña de identidad es la arenga única como decálogo preestablecido, cual oración que el cura reza desde el altar mientras los devotos sisean hasta el amén. Se vota, solo de vez en cuando y siempre a guión cerrado, convirtiendo el derecho y la consulta en una simple operación matemática. En tal esquema, los que se salen del redil son desechados por inservibles a la causa, con gestos adustos o el vacío como ridícula condena. A los que cortan el bacalao no les gustan las ideas discordantes, y mucho menos la existencia de opciones distintas. La suya es su opción y “la opción”, la única, la que vale, y el resto si las hay son “las otras”, sin más. Sea como sea, cualquier movimiento en dirección alternativa se toma como amenaza para las acomodadas redes clientelares, los intereses inconfesables, la pérdida de control de los que se han ido de la política pero se quedan y, en general, esa corrupción ética que va de la mano de todas las materiales. La estabilidad, palabra tan parecida al establishment.

Nada nuevo. El tan invocado Ortega y Gasset, en su famosa conferencia de 1914 en el Teatro de la Comedia, titulada ‘Vieja y nueva política’, dejó dicho, entre otras cosas, que “las nuevas generaciones no entran en la política […] advierten que son extrañas totalmente a los principios, a los usos, a las ideas y hasta al vocabulario de los que hoy rigen los organismos oficiales. ¿Con qué derecho se va a pedir que lleven, que traspasen su energía, mucha o poca, a esos odres tan caducos, si es imposible toda comunidad de transmisión, si es imposible toda inteligencia?”

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;