lunes, 2 de febrero de 2015

Veigadarte



El Camino de Santiago ha sido, es, será, eje ilimitado de la relación de El Bierzo con el mundo, cauce de peregrinos que van a Compostela a venerar santas reliquias y se dejan encantar por góticos y románicos, paisajes de encanto y paisanajes –por desgracia, estos cada vez más mermados– que les salen al paso. Los valles dibujados por arroyos y ríos que entregan sus aguas al Sil han sido desde época de los romanos, que movieron las montañas con la fuerza del agua en busca de oro y trajeron arados utilizados casi dos milenios, una tierra privilegiada por un microclima favorable a los viñedos y la agricultura. Las fértiles tierras de Bergidum son excelentes para la cosecha de manzana reineta, pera conferencia o pimiento, menú que puede complementarse con un buen botillo y un puñado de castañas producto de la tierra. El queso también es, de antiguo, venerado por los griegos, que decían era “un regalo de los dioses”, y los romanos, que extendieron sus técnicas con la leche de cabra, vaca y oveja.

Ambasmestas es un pequeño conjunto de casas levantadas a la vera del Camino de Santiago, justo donde confluyen los ríos Valcarce y Balboa. En una casona que fue antigua fábrica de curtidos de su tatarabuelo, mi amigo Joaquín Villanueva Casado y su familia llevan más de veinte años fabricando quesos. Veigadarte, su sello comercial, elabora unos característicos rulos de queso de cabra recubierto con hierbas de Provenza, pimienta negra, ajo y perejil, membrillo o ceniza. Pese a lo que pueda parecer, pese a ser su base la misma, cada uno es distinto, ya que, como curioso ejemplo, la ceniza baja la acidez del lácteo y lo hace más suave.

La elaboración cuidada y artesanal y la calidad de un producto que nada tiene que envidiar a estereotipos idolatrados, hacen que esta delicatesen sea apreciada incluso allende nuestras fronteras, en Inglaterra, Suecia o Estados Unidos, que disfrutan el resultado de un proceso de elaboración lento hasta el romanticismo, porque hunde sus raíces en esos métodos ancestrales eternos que garantizan el mejor resultado.

Su éxito y la puesta en el mercado de nuevos productos como la tarta de queso con castañas o los yogures de leche de cabra, el carácter de Joaquín –sonriente y generoso, puro paisanaje– y su ilusión, hacen poner la mirada en un Bierzo que con el ocaso de la industria y los sueños de la ciudad del dólar rotos, necesita encontrar en sí mismo, creerse y poner en práctica nuevos yacimientos de riqueza como Veigadarte, una pequeña gran empresa.

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