lunes, 23 de marzo de 2015

Huesos y elefantes



Pasó un camión con dos elefantes embalados y hubo quien, entre trompa y trompa, buscó una melena rubia con acento alemán, por si hubiera mudanzas en palacio. Abdica para irte con los elefantes a cuestas. Estos, por cierto, iban a Madrid para la exposición de una feria de caza y fueron cazados, uno en Zimbabue hace veinte años y otro hace diez en Sudáfrica. Nada de Botswana, aunque quede entre medias, que ya tarda en salir alguno de esos zascandiles y adanes que abundan –dixit Rajoy– a tocar… la cadera.

Se mire como se mire, más que elefantes eran restos mortales. Y tenerlos así, tan a la vista, tiene tan poco morbo que da igual. Cuando aún siguen apareciendo astillas de la Vera Cruz, que por los restos que dicen quedan debió ser del tamaño de la Estatua de la Libertad de NY, en León tenemos el Santo Grial. Y ni Valencia ni O’Cebreiro, a ver si ahora en vez de levantar el copón con vino fue con horchata o con queimada. Palabra de dos (Margarita Torres y Chechu Ortega), que no de dios.

Como hay tanta imaginación, suerte tuvo Gil y Carrasco de que trajeran sus restos de Berlín hace pocos años. Sino, bicentenario con repatriación, procesión, capilla ardiente, entierro y un rato de selfies, aunque no fuese nada romántico. La misma suerte de Alfonso IX, que reposa en la catedral de Santiago de Compostela, porque si quedara más a mano no se pensaban una subvención para exhumarlo y ver si le quedó algún decreta entre las manos o lo enterraron en la cuna para que parlamentara a su gusto. 

Pero los hay que se lo piensan un par de veces, porque si Cascos se pone a buscar a Jovellanos por Gijón lo mismo termina horadando aquel túnel de metro a ninguna parte, o si Areces abre el sarcófago del socialismo fetén asturiano le sale un nicho abovedado cual cúpula del Niemeyer. Por aquí, Morano no dio ni piensa dar picachada, total para qué, nunca aparecerá Biomédica, mejor dejarlo en el aire como la escuela de pilotos.

Si se levanta media Granada a golpe de subvención a ver si de casualidad aparece la fosa de Lorca, quién dijo que no se podía buscar a Cervantes entre los muros de un convento. Cuatrocientos años y ni huesos ni iniciales. La M. C. de la tumba resulta M. G. y puede ser de época posterior, de la mano izquierda amputada al manco de Lepanto nadie sabe y sobre los huesos sí bueno no, a lo mejor, tal vez, quizás. 

Ahora solo falta encontrar a alguno que haya leído El Quijote: “Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener…”

1 comentarios:

Piorno dijo...

¡Cuánta razón tienes! Los "vivos de hoy" se empeñan en buscar huesos de los muertos de ayer, con lo fácil que resultaría encontrar hoy huesos de los muertos de mañana. Aunque, entre tantos, encontrar uno -"el más"- podría resultar harto difícil.

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