lunes, 6 de abril de 2015

El bolongo de la mala suerte



Ya es mala suerte, que lo que está llamado a ser un bombazo se publique en un diario de tirada nacional los días en que no se oye otra cosa que cornetas y tambores y el negro del carbón se confunde con el de las manolas y los papones. Y por eso –y no por otra cosa– los medios no se han enterado, que no se puede ir a las procesiones y tocar la campana (de emergencia), versión esta libre del dicho popular.

Tampoco es para tanto, dice Viloria, que pone por delante su pedigrí de familia minera y enseña una marquita de carbón en la mano, cual herida de guerra. Tres hijos prejubilados de la mina y un cuarto en puertas, pese a que en realidad sean directivos o gestores de otro de esos holdings, el suyo, montados a base de subvenciones a la minería que liquidaron. Primero se les subvencionaron las disfrazadas pérdidas, luego la modernización, después la reactivación y ahora el cierre, que en realidad era de lo que iba el tema desde el principio, como sabían quienes aceptaron el caramelo tentador de las prejubilaciones.

Y ya es mala suerte, también, porque lo de Viloria no deja de ser el prototipo de padre que mira por su prole y del empresario que no solo genera riqueza a sus asalariados, sino que contribuye religiosamente con sus obligaciones sociales. Todo tan religioso y tan liberal como irónico. Otra cosa es el saqueo que toma tú, coge un poco y dame a mí, le cae de paso a la Seguridad Social. Y ya es mala suerte que en las mismas estén unos cuantos como el presidente de la Ponferradina o su señora, como otros tantos cuya lista por nombres y número sorprendería hasta a ellos mismos.

Ya es mala suerte, también, que para una vez que a alguien se le ocurre mentar la bicha de este supuesto fraude en un informe oficial, termine traspapelándose el documento, porque seguro que ha sido eso. Y que nadie hizo como que no lo había leído o lo congelara seis años en un cajón, que en la Junta nunca ocurre eso, aunque también sea mala suerte –por ejemplo– que la mujer del director general de Minas trabaje para el empresario minero de cuya empresa habla el informe, como estaba la del gerente del Servicio Provincial de Empleo, o la otra, o la querida del otro... que ya decía la canción que el abuelo fue picador allá en la mina, pero hace ya muchos años. 

Con el sector minero aún noqueado por la pasta que Villa tenía debajo del colchón y fue a regularizar aprovechando la amnistía fiscal, para luego olvidar y olvidarse, nadie niega ya el bolongo creado y sostenido durante años por la mayor parte de sindicatos, partidos políticos y empresas. Su dimensión dejaría el escándalo de los ERE y los cursos de formación de Andalucía en mero juego de aficionados. Pero las cornetas y tambores semanasanteros siguen poniéndole sordina, como si fuera un asunto del otro lado del mundo, y la cosa se queda para que la mastiquen los indignados de la barra de bar… porque no tiene ni hashtag, que ya es mala suerte.

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